sábado, 1 de mayo de 2010

goce

Hoy comenzó mayo, ¡tal vez mañana sea el último domingo del año para caminar en Buenos Aires bajo el amarillo vehemente de los fresnos!




“Yo he andado mucho y he sufrido mucho. Doquiera vi el mundo dispuesto para el goce… y el goce mismo acaparado por una minoría” (Juan Filloy, Op Oloop).


A propósito:

I.- “Y algún día habrá un aparato más completo. Lo pensado y lo sentido en la vida –o en los ratos de exposición- será como un alfabeto, con el cual la imagen seguirá comprendiendo todo (como nosotros, con las letras de un alfabeto podemos entender y componer todas las palabras). La vida será, pues, un depósito de la muerte. Pero aún entonces la imagen no estará viva; objetos esencialmente nuevos no existirán para ella. Conocerá todo lo que ha sentido o pensado, o las combinaciones ulteriores de lo que ha sentido o pensado. El hecho de que no podamos comprender nada fuera del tiempo y del espacio tal vez esté sugiriendo que nuestra vida no sea apreciablemente distinta de la sobrevivencia a obtenerse con este aparato” (Adolfo Bioy Casares, La invención de Morel).

II.- “El muchacho miró una vez más el río. El silencio se asentaba sobre la líquida piel de aquel interminable cuerpo. Círculos que se alargaban y perdían en la superficie tranquila, mostraban el lugar donde por fin la rana se había sumergido. Entonces el muchacho se metió en el agua y nadó hacia la otra orilla, mientras el bulto blanco y desnudo de la muchacha se recogía hacia la penumbra de las ramas” (José Saramago, Desquite).

III.- “La heladería estaba vacía. Rímini quiso invitar. Sofía vaciló entre formatos y precios mientras el cajero, un hombre comprensivo, con un moderado instinto musical, tamborileaba sobre las teclas de la registradora. Se decidió por un vasito intermedio, pero unos segundos después, enfrentada con el tablero de sabores, la variedad, aunque reavivó el fantasma de la indecisión, pareció infundirle cierta lucidez retrospectiva y se arrepintió, y Rímini terminó cediéndole el cucurucho” (Alan Pauls, El pasado).


IV.-

fresno.
(Del lat. fraxĭnus).
1. m. Árbol de la familia de las Oleáceas, con tronco grueso, de 25 a 30 m de altura, corteza cenicienta y muy ramoso; hojas compuestas de hojuelas sentadas, elípticas, agudas en el ápice y con dientes marginales; flores pequeñas, blanquecinas, en panojas cortas, primero erguidas y al final colgantes, y fruto seco con ala membranosa y semilla elipsoidal.
2. m. Madera de este árbol.

(Diccionario de la Real Academia Española)

V.- De nuevo Filloy:

“Usted sabe, Robín, que soy epicúreo. El trajín, el ajetreo diurno de la ciudad, me trastorna. Plétora de máquinas, de ambiciones, de miserias. La noche es siempre balsámica y opulenta. La ciudad se retrae, se ensimisma, descansa. Y goza. Yo prefiero a los placeres en movimiento, los placeres en reposo. Stasis no kinesis. Ya lo dijo el maestro: es mejor extender las piernas a la sombra de un olivo que fatigarlas en el estadium” (Juan Filloy, Op Oloop).

7 comentarios:

  1. Aunque todavía hay mucho tiempo para sentarse debajo de los tilos.

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  2. Más o menos, los que hay frente a mi laburo ya están sin hojas...

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  3. Excelente reseña!

    Amo el color de los fresnos, me acarician el alma.


    Un abrazo en mayo.



    M

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  4. A veces no vemos lo que tenemos frente a la nariz, yo tuve que viajar a San Antonio de Areco el año pasado en esta época para descubrir el color de los fresnos en otoño, cuando tengo dos en la vereda de enfrente de casa...

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  5. Interesante post. Me gusto mucho!

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  6. Las verdades de filly y cia. son tan aplastante que es mejor concentarnos en las hojas de los fresnos.

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